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Síndrome del impostor: por qué sientes que no mereces lo que has conseguido

Por Víctor Lázaro, psicólogo sanitario · · 4 min de lectura

Te han ascendido, te han cogido en ese trabajo que tanto querías o has terminado un máster con buena nota. Y en lugar de alegrarte, piensas: “Ha sido suerte. En algún momento se darán cuenta de que no soy tan bueno”.

Esta sensación tiene nombre: síndrome del impostor. Es muy frecuente en los primeros años de vida laboral, cuando todo es nuevo y todavía no has tenido tiempo de comprobar que sabes hacer las cosas. Tampoco es un diagnóstico clínico, pero puede generar mucho sufrimiento si no se entiende.

¿Qué es el síndrome del impostor?

Es la tendencia a pensar que tus logros no se deben a tus capacidades, sino a la suerte, a un error o a que has engañado a los demás. Lo curioso es que suele aparecer en personas competentes, exigentes y responsables. Cuanto más te importa hacerlo bien, más fácil es que aparezca.

Señales para reconocerlo

¿Por qué aparece?

La exigencia y el perfeccionismo

Si para ti hacerlo “bien” significa hacerlo perfecto, cualquier pequeño error confirma la idea de que no vales lo suficiente.

Entornos nuevos y competitivos

El primer trabajo, un cambio de sector o empezar en otro país te ponen rodeado de gente con más experiencia. Es normal no saberlo todo, pero tu mente puede interpretarlo como prueba de que no deberías estar ahí.

Lo que aprendiste en casa y en el colegio

Haber crecido con mucha presión por los resultados, o sentir que el cariño dependía de las notas, puede hacer que tu valor personal quede atado a lo que consigues.

El escaparate de LinkedIn

Ver solo los logros de los demás refuerza la idea de que todo el mundo tiene más claro que tú lo que está haciendo.

El círculo del impostor

Desde la terapia cognitivo-conductual se observa un patrón que se repite. Ante una tarea nueva aparece la ansiedad (“no voy a saber hacerlo”). Para calmarla, o te preparas en exceso o lo dejas para el último momento. La tarea sale bien, pero en lugar de atribuirlo a tu capacidad lo atribuyes al esfuerzo extra o a la suerte. Resultado: la idea de que no vales nunca se pone a prueba, y el círculo vuelve a empezar con la siguiente tarea.

Fíjate en estos dos pensamientos tras un buen resultado:

“Ha salido bien porque me ha tocado un cliente fácil.”
“Ha salido bien, en parte por las circunstancias y en parte porque sé hacer mi trabajo.”

El segundo no es arrogante: simplemente incluye tu parte, que el primero borra por completo.

Cómo empezar a manejarlo

¿Cuándo pedir ayuda psicológica?

Puede ser buen momento para consultar con un profesional si:

Conclusión

Sentirte un impostor no significa que lo seas. Muchas veces es la señal de que estás creciendo y saliendo de tu zona cómoda. El objetivo no es eliminar del todo las dudas, sino que dejen de decidir por ti y puedas reconocer, por fin, tu parte en lo que consigues.

Si la exigencia y el miedo a no estar a la altura te están pasando factura, en terapia podemos trabajar esa voz crítica y ayudarte a ver tus logros con una mirada más justa.

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Víctor Lázaro, psicólogo

Víctor Lázaro es psicólogo general sanitario (colegiado M-45244) y ofrece terapia online para adultos desde Dublín, con un enfoque cognitivo-conductual.

Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Si estás en una situación de crisis, llama al 112 o al 024.